Nintendo y Sega: Una Rivalidad que no termina
Años noventa. La industria del
videojuego acaba de pasar su primera gran crisis en Estados Unidos y la caída
de Atari, el coloso del entretenimiento digital, hacía que el futuro sea,
cuando menos, incierto. Una compañía trata de abrirse paso desde Oriente:
Nintendo. Pero no le van a poner la alfombra roja. Otra compañía estudia con
atención a los responsables de consolas tan emblemáticas como NES o Game Boy y
al mismo tiempo lucha por desprestigiarla y comerle el terreno, en una de las
guerras de marketing entre dos empresas más salvajes que se recuerdan y que
dejarían momentos tan bochornosos como el famoso: Genesis does what Nintendon't
(Genesis hace lo que Nintendo no)
El conflicto que determinó en
gran medida el futuro de las dos compañías (y el de las de otras muchas,
ciertamente) fue el que se desarrolló en la década de los noventa.
Como hemos podido ver, hasta el
año 1989 nadie podía hacerle frente a Nintendo: tenían juegos brillantes,
tenían una consola en la casa de cada niño americano, tenían personajes
geniales… Pero, en este año, Sega decidió contraatacar poniendo toda la carne
en el asador con una nueva consola. Una consola el doble de potente,
extremadamente rápida y que dejaba a la NES a la altura del betún: llegaba la
Sega Genesis (Sega Megadrive para los europeos).

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